Los plantones y el ocotillo.

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Alguien perspicaz puede ver las líneas de un triángulo --a manera de construcción digital por debajo de la realidad— que prefigura cierta preocupación que puede extenderse en el caso de las mujeres que mantuvieron durante ocho días un plantón con todo y carpas y barricadas sobre las calles más transitadas de la ciudad de Hermosillo. Esa construcción euclidiana a la que me refiero tendría en un punto a quienes se encuentran detrás de las  demandantes o reclamantes que exigen indemnizaciones a la gobernadora Claudia Pavlovich por la vida de policías caídos en el cumplimiento de su deber en este sexenio; en otro punto estaría la propia gobernadora y en un tercer epígono la alcaldesa de Hermosillo, Célida.
   Los tiempos pre electorales, ya en plena campañas políticas, por los que estamos atravesando nos llevan a calcular que nada es como parece, ni tan sencillo, ni tan inocente.
   El caso es que las vialidades por donde pasan y desfoga gran parte del tráfico vehicular citadino durante unas diez y seis horas díarias permanecieron cerradas durante más de una semana (hasta ayer a medio día), causando un caos vial que afectó a decenas de miles de automovilistas mientras la policía municipal se dedicó a atravesar patrullas y motos a varias cuadras de donde se encontraban los manifestantes para desviar vehículos y ocupantes hacia otros lugares que nada tenían que ver con sus destinos.
   No conozco los fundamentos y las razones de los familiares reclamantes para tomar tal determinación que afectó a miles de ciudadanos que no tienen vela en esos entierros, pero lo que se (y me lo enseñaron en la escuela primaria) es que nadie tiene derecho a afectar con sus acciones a otras personas.
   Por eso creo que los ciudadanos reclamantes yerran al hacer blanco de sus demandas al resto de ciudadanos; sobre todo en una zona como lo es el viejo centro de la ciudad, el que además lleva meses sometido a trabajos de pavimentación de sólo dos cuadras que no tienen para cuando terminar (incluso llegaron al despropósito de cambiarle el sentido a la avenida Serdán, algo que no se había visto desde los años veinte del siglo pasado).
   Ignoro si el plantón fue tolerado con beneplácito por la alcaldesa de Hermosillo, doña Célida, pero por lo que se ha escrito y comentado en algunos medios de comunicación que no están comprometidos con los gobiernos actuales, tanto doña Célida como la gobernadora Claudia Pavlovich (a pesar de ser de extracciones partidistas distintas) le deben mucho a los ciudadanos, a todos. Con sus poquísimas excepciones.

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A como están las cosas (y de acuerdo a lo que declaró la profesora, una de las líderes que estaban en la carpa-barricada de Pino Suarez y No Reelección: si no les cumplen lo que les prometió el Gobierno del Estado, "nos tendrán de vuelta"), los hermosillenses no quisiéramos tener aquí una representación del DF en donde las carpas invadieron boulevares enteros por meses, porque tal parece lo que pasó con esas mujeres manifestantes es apenas la inauguración. Ellas u otros volverán y pueden invadir las calles y boulevares, si les da la gana, como tal parece que sucede cuando nadie vigila, ni cumple, ni da seguridad. 

   Y de ver dan ganas, sobre todo con diferentes grupos a los que algo se les debe y no se les ha cumplido en este trienio y este sexenio.

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 Pero también recordé, no se por qué liga de ideas, aquella expresión del ex gobernador Guillermo Padrés cuando salió de la cárcel, algo más o menos así de regionalista: "Todavía tengo bastante ocotillo".

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