El Instituto de Crédito Educativo

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Hermosillo, Sonora



Como todas las cosas, el principio no fue muy fácil


Esta es la breve semblanza histórica de una noble Institución, creada ya hace casi medio siglo y que desde entonces ha permitido que accedan a nuestras escuelas miles de muchachos que no hubieran podido hacerlo sin ese pequeño "empujoncito" significado en un préstamo oportuno del dinero que requerían para ello.
 
 

Este organismo aprovechó las experiencias que se tenían desde varios años antes en el Instituto Tecnológico de Sonora en donde se implementó más que nada por esa gran agudizadora del ingenio que es la necesidad. Con poco presupuesto y exiguos subsidios, con la comprensión de los sonorenses y especialmente mucha de los cajemenses, lo que era una escuela de bachilleres en pocos años logró cambios estructurales que hicieron de ella una opción seria del nivel superior de la educación en nuestra entidad.
 
 

Como todas las cosas el principio no fue muy fácil. Recuerdo muy bien las pláticas que tuvimos quien fue después rector de la Universidad de Aguascalientes Humberto Martínez de León y yo con el entonces director del Fondo para el desarrollo de recursos humanos del Banco de México don Oscar Méndez Nápoles quien se rindió ante los argumentos que le hacíamos, muy simples pero muy objetivos: su resistencia a los préstamos a estudiantes en unas escuelas que apenas empezaban y los riesgos que ello traía, se vino abajo cuando le dijimos que como era posible que el gobierno federal prestara dinero para criar ganado y no prestara dinero para formar hombres y mujeres que esperábamos fueran libres y comprometidos con México. Convencido y emocionado por nuestra vehemencia, concedió al ITSON una línea de crédito creo que de cien mil pesos anuales y con ello se formó un fondo especial en nuestra escuela. Se propició entonces la constitución de diversas "sociedades de avales" entre las que recuerdo a "La fundación rotaria de Ciudad Obregón" Asociación Civil y a la "Fundación Club de Leones" A.C. Muchos cajemenses comprendieron el significado de aquella solución y a la menor invitación accedían a avalar personalmente dos o tres estudiantes anualmente: recuerdo con respeto y gratitud, entre otros muchos y con el riesgo y la mortificación de omitir nombres, a don Moises Vazquez Gudiño, a don Javier R. Bours, al ingeniero Cesar Estrada Gonzalez, a don Hector Monroy Rivera, al ingeniero Marco Antonio Arvizu, al ingeniero Jorge Perez de la Peña, a don Silvestre Sánchez Díaz, al licenciado Pedro Gorozpe López, etc.
 
 

Pues bien, esas experiencias –como digo antes- se aprovecharon y ante la oportunidad que nos dio el entonces Gobernador doctor Samuel Ocaña, se envió una iniciativa al Congreso del Estado que fue aprobada por unanimidad, creándose por ley el "Fondo de Crédito Educativo del Estado de Sonora" el que meses después cambió su nombre por el de Instituto de Crédito Educativo del Estado de Sonora, sin cambiar su esencia según puede advertirse de la simple lectura de ambas leyes orgánicas.
 
 

El gran inspirador de estas ideas fue un colombiano universal ya fallecido, don Gabriel Betancur, a quien le oímos hablar de estos temas en Monterrey en Abril de 1973. Después volví a escucharlo en Washington y en Porto Alegre Brasil y nos hizo el honor de visitar Hermosillo en dos ocasiones.
 
 

Soy sabedor de que el Instituto tiene muchas deudas por cobrar a jóvenes que no han podido o no han querido pagar o no han sabido hacer honor a su compromiso. Pero sé también que muchos han cumplido y que gracias al esfuerzo de los sonorenses culminaron sus estudios. Mis hijos Eduardo y Luis Andrés lo hicieron en el México y en el extranjero y, como señores, cumplieron a cabalidad pagando todo en su momento. De no ser por esa ayuda, hubiera sido casi imposible que lograran sus metas.
 
 

Con el tiempo mi hijo Luis Andrés fue designado consejero del Instituto y falleció con el honor de ser consejero.
 
 

He visto lo que hacen los actuales directivos para concientizar a los morosos. Confiamos en que los nuevos consejeros aporten sus experiencias valiosas para fortalecer las finanzas de este Instituto.
 
 

No perdamos de vista algunos conceptos. Uno, que esto no es un Banco, y que nació con la filosofía del compromiso, de la buena fe y de la solidaridad: el estudiante acreditado debe pagar para que se beneficie otro estudiante; y otro, que se trabaja con acreditados que no tienen dinero, mucho menos garantías qué ofrecer para que estemos seguros de la recuperación.
 
 

Si no queremos riesgos, que se hagan préstamos a muchachos que no los necesitan y que tienen lo que queramos para garantizar el cumplimiento de sus obligaciones. Eso sería exactamente lo contrario al espíritu con el que fue creado el Instituto.
 
 

Si bien es cierto que la recuperación de los créditos no es como lo dicen los plazos en los contratos que celebran, también es cierto que esa recuperación se da, lentamente, pero se da.
 

He sido profesor de derecho por más de treinta años y sé que no todos los alumnos terminan con honores sus estudios. Y como profesor, sé que si se logra que un porcentaje razonable de esos alumnos aprenda, la clase es un éxito y que Sonora y México ganan.
 
 

Esperemos, trabajemos y confiemos en la honorabilidad de nuestros muchachos.
 
 
Los seres humanos somos por naturaleza transitorios. Las grandes ideas y sus realizaciones quedan para siempre.

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