Del paso cebra al paso panda

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Hermosillo, Sonora



"La vi en un paso cebra, toreando con su bolso un autobús, llevaba medias negras…".Joaquín Sabina


El último día de septiembre fue el escogido por un pintoresco y, para algunos, molesto personaje local, para cumplir su amenaza de tiempo atrás: pintar en Hermosillo un paso peatonal o "paso cebra" con los colores de la bandera de arcoíris, que antes conocíamos como la bandera gay y que hoy, ante la proliferación de categorías, se le identifica como la bandera de la diversidad de preferencias sexuales y conductuales en tal sentido.
 
 

La idea –que no es nueva– pretende exaltar ese movimiento, pero no toma en cuenta ya no digamos la ley y reglamentos de tránsito, sino la lógica de la señalética urbana.
 
 

El personaje en cuestión, quien se cataloga como un "machista en rehabilitación", busca a través de sus actitudes provocativas destacar un poco en el ámbito político y social en la comunidad; de ahí, precisamente, que no venga al caso mencionarlo por su nombre.
 
 

Su táctica es bien conocida, y ha recurrido a ella para interponer alguna demanda laboral al Congreso del Estado, hace ya bastantes años, e igual en el 2009, cuando figuró como candidato del Partido del Trabajo (PT) a la gubernatura del estado.
 
 

Sus temas actuales son la legalización de la marihuana, la aceptación legal del aborto, el matrimonio igualitario y, por supuesto, su insistencia de pintar un paso peatonal con los colores del arcoíris, lo cual podría parecer original y hasta legítimo, a no ser porque –decíamos al principio– no toma en cuenta, quizá ni siquiera le interesa, el por qué las señalizaciones viales tienen sus formas y se apegan a un código cromático.
 
 

La explicación es simple y cualquiera la entiende: el objetivo de la señalética urbana es procurar la mayor seguridad posible para todos, basándose en símbolos y colores para guiar, orientar u organizar. Tan es así que el año pasado se trabajaba en el proyecto de una Norma Oficial Mexicana para el Señalamiento Horizontal y Vertical de Carreteras y Vialidades Urbanas.
 
 

Si dicha norma está vigente o no, es lo de menos, lo interesante aquí es subrayar por qué amarillo y blanco, exclusivamente: porque son los tonos más visibles sobre un fondo negro como es el pavimento, donde sobre todo en la oscuridad de la noche es fácil confundir o no ver colores como el morado, rojo y azul que, entre otros, contiene la mencionada bandera arcoíris.
 
 

Además, cada color guarda una función, comunica un mensaje: el rojo, por ejemplo, prohibición; el blanco es restrictivo; el amarillo preventivo; el anaranjado avisa de obras en realización; el verde permite o informa de destinos; el azul anuncian cierta exclusividad o servicios; un tono verde claro o limón se reserva por lo general para los cruces escolares.
 
 

De esta forma, no hay justificación alguna para insistir en marcar el pavimento con aquellos colores si, aunque sea mínimamente, se enfrenta el riesgo de provocar un accidente, incluso en el momento mismo de la pinta, pues lo hacen sin permisos y, por tanto, de manera arriesgada para ellos y para las demás personas, incluyendo a los conductores de vehículos.
 
 

Ante la negativa de las autoridades para autorizar la acción, los promotores de la idea se victimizan alegando discriminación y actitudes homofóbicas, sin aceptar razones ni reparar en consecuencias. Una hipotética: luego de un accidente, uno de los afectados o –peor– su compañía aseguradora decide demandar al Ayuntamiento de Hermosillo, arguyendo que el siniestro fue provocado por una errónea señalización; ¿qué necesidad habría de enfrentar una situación así?
 
 

¿Que en los señalamientos es en lo que conductores y peatones menos se fijan y muy poco respetan?, no importa; el punto es que deben estar ahí para advertir y, en todo caso, para dirimir una controversia en medio de cualquier suceso vial.
 
 

En el suelo por el que transitamos, todo tiene su razón (excepto los baches): las rayas continuas o salteadas, las dobles o sencillas, las continuas por un lado y fragmentadas por el otro, las franjas rojas, los bastones verticales o inclinados de las personas ciegas… en fin. Entonces, ¿por qué ser permisivos en este caso?, ¿qué gana la sociedad y que puede perder?
 
 

Quienes están a favor dicen se les viola el artículo primero constitucional (a saber, el goce de todos los derechos humanos y la seguridad de no discriminación por motivo alguno), pero convenientemente olvidan el principio de legalidad y, particularmente, el 17 de la misma Constitución, en cuanto a que nadie puede ejercer violencia para reclamar un derecho, y en este caso ni siquiera derecho tienen… Al menos, no todavía.

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