Crónicas del Homo Peatonis

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Hermosillo, Sonora




Recién inició el año una camioneta negra que circulaba por la avenida Rosales se encaramó a la banqueta de la Casa Bona, quedando destrozada del frente y entre dos pilares. Afortunadamente no pasaba nadie por esa acera tan transitada a las 8:30 de la mañana cuando los peatones comienzan a fluir hacia las oficinas de gobierno y el conductor sólo salió herido; el otro auto quedó desarmado sobre la misma vía.
 

   Mientras estuvo la policía de Tránsito Municipal en ese lugar, con las patrullas y las motos atravesadas, el torrente de vehículos que circulan de Norte a Sur por los cinco carriles se vio obligado a desplazarse a una velocidad de 450 a 50 kilómetros por hora.
 

   Cuando sólo quedaron los pedazos de vidrio y pedacería plástica regados sobre el pavimento de la calle Rosales, en ese tramo que viene desde el Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora y termina al Sur más allá de la Casa de la Cultura, el tráfico retomó su ritmo de siempre: autos por todos los carriles –incluyendo camiones del transporte urbano repletos de usuarios—a más de ochenta kilómetros por hora y a veces a más de cien.
 

   Como en el resto de la ciudad de Hermosillo, con vías aún más o menos pavimentadas y con pocos baches, no es la primera vez que sucede y a veces con mayor gravedad: algunos quedan con las llantas al aire o se han trepado a bardas y postes como si fueran gatos. Entonces cualquiera se pregunta ¿cómo es posible que dentro de la ciudad, en cualquier barrio o en el llamado centro histórico de la ciudad o fundo legal suceden este tipo de accidentes?.
 

   La respuesta es muy sencilla: todos los espeluznantes accidentes de tránsito que tienen lugar en Hermosillo se deben al exceso de velocidad a la que se desplazan los conductores de todo tipo de vehículos. Dije de todo tipo.
 

   Hace mucho tiempo que debimos preguntarnos y respondernos qué y quiénes estamos haciendo mal las cosas, si los ciudadanos que no respetamos las señales de Tránsito y el reglamento vigente o los agentes de tránsito se han vuelto, paulatinamente, omisos o francamente corruptos como ha sucedido en algunos  casos –ciento de casos—particulares.
 

   Pero el ciudadano a través de la Ley puede llegar a educarse y la corporación de Tránsito Municipal también.
 

   Todo es cuestión de que los hermosillenses tengamos una autoridad municipal educada y resuelta a que se cumpla la Ley. 
 

   ¿Tenemos una primera autoridad municipal educada para que a los conductores hermosillenses nos eduque también?
 

   ¿Tendrá esa autoridad municipal interés en que se cumpla le Ley?

   Usted conteste estimado peatón.

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