De 1,000 años de antigüedad

El cementerio prehispánico que sorprendió a los arqueologos en Onavas, Sonora

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A 300 metros del pueblo de Onavas, arqueólogos descubrieron un sitio con 25 entierros humanos, 13 de los cuales tienen deformación del cráneo, y cinco mutilación dentaria.Tales costumbres no se habían registrado en enterramientos antiguos de esta entidad, lo que refiere que grupos del norte incorporaron a su cultura prácticas del Occidente y de Mesoamérica


Onavas, Sonora.- En el año 2012, a 300 metros del pueblo de Onavas, en el centro de Sonora, fue descubierto el primer cementerio prehispánico de esa entidad; tiene alrededor de 1,000 años de antigüedad; al inició fueron entierros de 25 individuos, 13 de los cuales presentan deformación intencional del cráneo, y cinco de estos también tienen mutilación dentaria, prácticas culturales similares a las de grupos prehispánicos del sur de Sinaloa y norte de Nayarit, que no se habían registrado en el estado.

Sin embargo con las investigaciones recientes en el montículo funerario del sitio el Cementerio, ubicado en el valle de Ónavas, y fechado entre 897 ca. d. C. y 1635 ca. d. C., se han recuperado más de 100 inhumaciones, de las que más de la mitad presentan una modificación craneal pronunciadamente elongada que se acompaña —en algunos casos— por un desgaste intencional severo de los dientes. Estos rasgos bioculturales fueron comunes en Mesoamérica a lo largo del tiempo. Los ejemplares del Cementerio constituyen la expresión más norteña de ambas prácticas y podrían representar la expansión de la identidad mesoamericana hacia el Occidente de México, asociada con el intercambio macrorregional hacia el Noroeste durante los periodos cerámicos medio y tardío (500-1532 d. C.), de acuerdo con los investigadores del sitio.

Algunas de las osamentas portaban ornamentos elaborados con conchas y caracoles de la región del Golfo de California, como brazaletes, una nariguera, aretes, pendientes y collares de cuentas de concha; además un individuo fue enterrado con un caparazón de tortuga colocado a la altura del abdomen. Cabe destacar que los enterramientos no estaban acompañados de ofrendas.

Para los arqueólogos, lo relevante del descubrimiento es la evidencia de costumbres que no se habían registrado en los antiguos grupos culturales de Sonora: la deformación craneal (frontal occipital) que se aplicó a 13 individuos del Cementerio como se ha denominado al sitio—, así como la modificación mediante el desgaste de la parte lateral de las piezas para darles la forma de “V”.

“El área del hallazgo reúne características únicas, porque mezclan las expresiones de los grupos del norte de México ¬¬—como el uso de ornamentos elaborados con conchas y caracoles del Mar de Cortés—, con tradiciones del Occidente nunca antes encontradas en territorio sonorense. Con este descubrimiento se amplía el límite de influencia de los pueblos mesoamericanos mucho más al norte de lo que tenía registrado la arqueología”.

Así lo destacó la arqueóloga Cristina García Moreno, directora del proyecto de investigación, que es realizado por la Universidad Estatal de Arizona, Estados Unidos, con aprobación del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al dar a conocer los descubrimientos derivados de la temporada de excavaciones 2012.

La arqueóloga puntualizó que en Sonora no se había descubierto un cementerio como tal, lo más cercano está en el sitio arqueológico La Playa, donde se han recuperado más de 400 entierros, “pero ahí los esqueletos fueron enterrados adentro y afuera de las casas”; y en este caso, se trata de un área específica para enterrar muertos.

Asimismo, García Moreno resaltó que no hay otro sitio arqueológico en Sonora donde se hayan identificado las modificaciones craneal y dentaria; tampoco en el suroeste de EU, que comparte el área cultural con Sonora; en cambio, “los grupos culturales más cercanos que desarrollaron este tipo de tradiciones están en el norte de Sinaloa y en el área de Marismas Nacionales (sur de Sinaloa y norte de Nayarit), que incorporaron a su cultura algunas costumbres del Occidente y Mesoamérica.

Sin embargo, dijo, “el Cementerio de Onavas no pertenece a grupos mesoamericanos migratorios, sino a uno sedentario que tuvo un desarrollo local y que en algún momento de su historia entabló contacto con Mesoamérica e incorporó algunas ideas a su cultura. Estamos en proceso de investigación para confirmar si existe una relación con grupos de Sinaloa y Nayarit”.

La arqueóloga Cristina García explicó que de acuerdo con las fuentes históricas, el sitio debió pertenecer a los antiguos indígenas pimas, grupo cultural de la región cuyos descendientes se desplazaron hacia lo que hoy es el límite estatal Sonora-Chihuahua; pudo ser parte de un asentamiento ubicado dentro del área de tránsito que seguían los pueblos de la costa occidental al suroeste de Estados Unidos en el comercio de la turquesa, “y en ese transitar de poblaciones, los pimas adoptaron nuevas tradiciones procedentes de Mesoamérica”.

Tras referir que la gente que enterró ahí a sus muertos, posiblemente habitó en lo que actualmente es el pueblo de Onavas, la investigadora explicó que los fechamientos practicados en los restos humanos coinciden con el periodo Epiclásico mesoamericano (900-1200 d.C.).

“Una característica de ese lapso en el área de Mesoamérica es que hubo grandes migraciones, la gente se empezó a ir del centro hacia otros lados; las fechas también coinciden con la antigüedad de entierros con individuos deformados, encontrados en Nayarit y Sinaloa”.

Cristina García refirió que la deformación craneal en las culturas mesoamericanas se usó para diferenciar a un grupo social de otro o con fines rituales, en tanto que la mutilación dentaria en las culturas de Nayarit se practicó en púberes como un rito de paso hacia la adolescencia, lo cual coincide con los hallazgos de Sonora, donde los cinco cuerpos que la presentan son mayores de 12 años.

“En este caso, aún no se puede hablar de diferencias sociales porque todos los entierros presentan las mismas características, no tenemos identificado un patrón de enterramiento que nos indique jerarquías. Tampoco hemos podido determinar por qué algunos tenían ornamentos y otros no, ni por qué de los 25 esqueletos solo uno corresponde al sexo femenino”, puntualizó.

De los restos óseos de los 25 individuos recuperados, 17 corresponden a menores de edad —de entre 5 meses y 16 años— y 8 son de adultos. Al respecto, la investigadora destacó que la cantidad de infantes y púberes identificados en el Cementerio, puede ser un indicador de la mala práctica en la deformación craneal, que ocasionó su muerte por el exceso de fuerza al momento de apretar el cráneo. Esto, subrayó, se deduce a partir de estudios hechos a los restos, cuyos resultados no arrojaron ninguna enfermedad que pudiera haber causado su muerte.

Finalmente, la arqueóloga Cristina García anotó que estos descubrimientos están dando pie a mayores investigaciones en la parte sureste de Sonora que ha sido poco estudiada; “la parte norte, la desértica, el noreste y la costa son los más investigados; a partir de estos hallazgos se sabe que el sureste es distinto a lo que se conocía, este lado es completamente nuevo”.

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